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La historia natural de la vida en el planeta
nos cuenta de especies que prosperan y de otras que fracasan.
Las orcas son sin duda de las primeras, y sin embargo en la
patagonia Norte son muy pocas. No más de un puñado
de individuos atomizados en un ancho lienzo de mar. Un mar
cuyas exigencias les ha obligado a desarrollar particularidades
únicas. Son una raza de orcas diferente, dueñas
de una cultura diferente. El varamiento intencional para obtener
alimento y la transmisión intergeneracional de este
método a la progenie es, además de uno de los
espectáculos más impresionantes de la vida salvaje,
un hecho cultural de características extraordi-narias.
Cuando comencé a estudiarlas mi preocupación
era conocer en detalle cuántos individuos componían
la población local, cuántos eran los especializados
en este comportamiento y cuáles los encargados de enseñarlo
a las generaciones siguientes. Quería saber cuán
importante era el conocimiento del método del varamiento
para sobrevivir en el área, si la población
crecía o decrecía, cuáles eran las amenazas
que comprometían su supervivencia y de qué manera
podía esto afectar también al hombre.
Inicié el monitoreo de la población de orcas
que frecuentan el área en 1992, continuando con trabajos
realizados en otras épocas y con otros alcances. La
foto-identificación de individuos a través de
las marcas de sus aletas dorsales y monturas me brindó
información acerca de la mayoría de las orcas
residentes en la zona, así como también de la
dinámica de la población. En los últimos
doce años, logré identificar un total de 29
individuos, de los cuales 9 son machos adultos, 11 hembras
adultas, y los restantes juveniles y crías de sexo
indeterminado. Y también pude descubrir que sólo
nueve de estos individuos -dos machos, cinco hembras y dos
juveniles- han adoptado el varamiento intencional como principal
técnica de caza, y que solamente las hembras participan
de su enseñanza a la progenie.
Aunque el varamiento intencional es una técnica de
caza muy rara que ha sido observada también en el océano
Índico, las orcas de Valdés están consideradas
mundialmente como las expertas en el varamiento intencional
como estrategia de alimentación. Además del
hecho de que el número de orcas que componen esta población
es significativamente bajo y podría representar la
mayor parte del total de orcas del mar argentino, la destreza
para realizar exitosamente el varamiento requiere de un largo
período de aprendizaje, y la continuidad de esta habilidad
única en el planeta está dependiendo actualmente
de cinco individuos. No sólo desde un punto de vista
ecológico sino también cultural, es importante
que estas orcas continúen desarrollando sus comportamientos
habituales de caza, y solamente los esfuerzos de investigación
a largo plazo y el respeto hacia ellas nos va a permitir protegerlas
y proteger su hábitat de potenciales impactos.
Lazos de afecto
"Te dicen que para obtener buenos datos científicos
tienes que ser fríamente objetivo. Registrar
con precisión lo que ves y, sobre todo, evitar
todo sentimiento de empatía hacia tus sujetos.
Fue una suerte que yo ignorara esas teorías
durante mis primeros meses en Gombe. Ya que una parte
considerable de mis conocimientos sobre estos seres
inteligentes fue posible porque sí sentí
empatía hacia ellos".
Dra. Jane Goodall
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Tratando de resolver cuestiones técnicas
en los comienzos de mi investigación me acerqué
a las orcas en el agua. Para mi sorpresa, no sólo me
demostraron su curiosidad pacífica, sino que también,
con el tiempo, me ofrendaron su amistad.
Apenas sobrepuesto de mi asombro, establecimos desde entonces
un vínculo que transformó aquella búsqueda
inicial en otra que ha ido más allá de los límites
de una investigación formal. Para mí ya no se
trataba sólo de obtener datos y analizarlos a la luz
fría del pensamiento lógico sino más bien
y ante todo, de buscar un eje de pensamiento que enhebrara mis
hallazgos cotidianos en un sentido trascendente. En todos estos
años las orcas se convirtieron en mi familia del mar
y yo probablemente para ellas en el amigo humano de la costa.
Y aunque esta forma de pensar pueda ser considerada ajena a
los protocolos estrictos de la ciencia, la he alimentado con
la certeza interior de que pudiera resultar en una contribución
mayor para el mundo algún día.
En más de una década he llenado varios cuadernos
con notas sobre diversos aspectos de sus vidas. Pero más
importante que eso, hemos compartido amaneceres, atardeceres
y noches de luna jugando con algas o chapoteando en el agua
instantes eternos que atesoro en mi memoria. Y quizá
ha sido justamente gracias a esos momentos que he encontrado
algunas respuestas. Con otras me he tropezado. Juntas me han
dado una fugaz vislumbre del lugar que las orcas y los hombres
ocupamos en el formidable meccano de la vida.
Como el hombre, las orcas ocupan un lugar elevado en el esquema
general de la vida en el planeta. A diferencia de nosotros hoy,
sus comportamientos giran aún en torno a las mismas verdades
esenciales sobre las que giraba la humanidad en el pasado. Una
mejor comprensión de sus historias de vida tal vez nos
aproxime a reencontrarnos con la nuestra y, finalmente, creamos
acertado comenzar a corregir el rumbo de nuestra existencia.
Un mundo compartido, un destino en común
Aunque la información existente resulta todavía
insuficiente para estimar la población total de orcas,
es probable que a nivel mundial la especie no se encuentre
en peligro. Sin embargo las poblaciones locales pequeñas
como la de la patagonia Norte son muy vulnerables, y cualquier
alteración en su ambiente podría resultar dramático
para ellas.
Entre 1938 y 1980 en el mundo se eliminaron un promedio de
57 orcas por año a causa de la errónea creencia
de que eran una plaga que exterminaría los recursos
pesqueros. Cada año además, en el hemisferio
sur 25 orcas eran cazadas por los buques balleneros para carne
y aceite. En 1979, se cazaron en una sola temporada en los
mares australes 917 orcas. La matanza cesó en 1982,
cuando la Comisión Ballenera Internacional falló
en contra de la captura de orcas hasta que no se conociera
más sobre el impacto en las poblaciones.
Por suerte, la actitud de la gente hacia las orcas comenzó
a mejorar en la década del ´70. Gracias a los
proyectos de investigación de largo plazo y a las iniciativas
de educación, la gente comenzó a ver que las
orcas no eran bestias feroces, sino seres especiales, sociables,
inteligentes, curiosos y cooperativos. Con excepción
del triste episodio de febrero del ´97 en Japón,
donde se capturaron 10 orcas, hoy las capturas de orcas salvajes
para acuarios son cada vez más raras.
La contaminación y la sobre-pesca son en la actualidad
las principales amenazas de conservación de la especie
a nivel global. A nivel local, el ecoturismo también
podría tener efectos negativos si persiste el acercamiento
de visitantes a colonias de lobos y elefantes marinos fuera
de las áreas bajo control de guardafaunas.
Las orcas son animales longevos, pero con una tasa reproductiva
muy baja (una hembra no pare más de cuatro crías
en su vida). Sus cerebros son grandes y evolucionados, y sus
estructuras sociales complejas. Si bien hay aspectos de su
naturaleza que hoy podemos intentar explicar, existen otros
que aún no hemos llegado a comprender y tomará
tiempo construir a nuestro entendimiento el rompecabezas de
su fascinante historia de vida.
Mientras tanto, una cosa sabemos, las orcas y los hombres
somos compañeros de viaje en un planeta donde todo
está íntimamente relacionado. Y, después
de todo, tal vez el vínculo que las orcas y yo establecimos
signifique algo más que un ejemplo notable de empatía
entre dos especies diferentes. Quizá se trate ante
todo de un mensaje, una señal que nos permita recordar
que no estamos solos ni por encima de los otros seres vivos
en el mundo. Que compartimos la misma casa, y que no podemos
por lo tanto desentendernos de una verdad definitiva: lo que
sea que les ocurra a las orcas, nos ocurrirá tarde
o temprano a nosotros.
Agradecemos la informaciòn
suministrada
por el Sr. Roberto
Bubas
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ver fotografías
Distinguen a un argentino por su estudio de las orcas
Se trata de un guardafauna de Península Valdés
" Roberto Bubas" ; recibió 70.000 dólares
para continuar con sus observaciones de las estategias
de caza que estos colosos tienen sólo en la costa
argentina.
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DANZA CON ORCAS "
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