Orcas de Valdés

Por Roberto Bubas

Una población en riesgo,
una cultura en extinción


La historia natural de la vida en el planeta nos cuenta de especies que prosperan y de otras que fracasan. Las orcas son sin duda de las primeras, y sin embargo en la patagonia Norte son muy pocas. No más de un puñado de individuos atomizados en un ancho lienzo de mar. Un mar cuyas exigencias les ha obligado a desarrollar particularidades únicas. Son una raza de orcas diferente, dueñas de una cultura diferente. El varamiento intencional para obtener alimento y la transmisión intergeneracional de este método a la progenie es, además de uno de los espectáculos más impresionantes de la vida salvaje, un hecho cultural de características extraordi-narias.
Cuando comencé a estudiarlas mi preocupación era conocer en detalle cuántos individuos componían la población local, cuántos eran los especializados en este comportamiento y cuáles los encargados de enseñarlo a las generaciones siguientes. Quería saber cuán importante era el conocimiento del método del varamiento para sobrevivir en el área, si la población crecía o decrecía, cuáles eran las amenazas que comprometían su supervivencia y de qué manera podía esto afectar también al hombre.
Inicié el monitoreo de la población de orcas que frecuentan el área en 1992, continuando con trabajos realizados en otras épocas y con otros alcances. La foto-identificación de individuos a través de las marcas de sus aletas dorsales y monturas me brindó información acerca de la mayoría de las orcas residentes en la zona, así como también de la dinámica de la población. En los últimos doce años, logré identificar un total de 29 individuos, de los cuales 9 son machos adultos, 11 hembras adultas, y los restantes juveniles y crías de sexo indeterminado. Y también pude descubrir que sólo nueve de estos individuos -dos machos, cinco hembras y dos juveniles- han adoptado el varamiento intencional como principal técnica de caza, y que solamente las hembras participan de su enseñanza a la progenie.
Aunque el varamiento intencional es una técnica de caza muy rara que ha sido observada también en el océano Índico, las orcas de Valdés están consideradas mundialmente como las expertas en el varamiento intencional como estrategia de alimentación. Además del hecho de que el número de orcas que componen esta población es significativamente bajo y podría representar la mayor parte del total de orcas del mar argentino, la destreza para realizar exitosamente el varamiento requiere de un largo período de aprendizaje, y la continuidad de esta habilidad única en el planeta está dependiendo actualmente de cinco individuos. No sólo desde un punto de vista ecológico sino también cultural, es importante que estas orcas continúen desarrollando sus comportamientos habituales de caza, y solamente los esfuerzos de investigación a largo plazo y el respeto hacia ellas nos va a permitir protegerlas y proteger su hábitat de potenciales impactos.

Lazos de afecto


"Te dicen que para obtener buenos datos científicos tienes que ser fríamente objetivo. Registrar con precisión lo que ves y, sobre todo, evitar todo sentimiento de empatía hacia tus sujetos. Fue una suerte que yo ignorara esas teorías durante mis primeros meses en Gombe. Ya que una parte considerable de mis conocimientos sobre estos seres inteligentes fue posible porque sí sentí empatía hacia ellos".

Dra. Jane Goodall


Tratando de resolver cuestiones técnicas en los comienzos de mi investigación me acerqué a las orcas en el agua. Para mi sorpresa, no sólo me demostraron su curiosidad pacífica, sino que también, con el tiempo, me ofrendaron su amistad.
Apenas sobrepuesto de mi asombro, establecimos desde entonces un vínculo que transformó aquella búsqueda inicial en otra que ha ido más allá de los límites de una investigación formal. Para mí ya no se trataba sólo de obtener datos y analizarlos a la luz fría del pensamiento lógico sino más bien y ante todo, de buscar un eje de pensamiento que enhebrara mis hallazgos cotidianos en un sentido trascendente. En todos estos años las orcas se convirtieron en mi familia del mar y yo probablemente para ellas en el amigo humano de la costa. Y aunque esta forma de pensar pueda ser considerada ajena a los protocolos estrictos de la ciencia, la he alimentado con la certeza interior de que pudiera resultar en una contribución mayor para el mundo algún día.
En más de una década he llenado varios cuadernos con notas sobre diversos aspectos de sus vidas. Pero más importante que eso, hemos compartido amaneceres, atardeceres y noches de luna jugando con algas o chapoteando en el agua… instantes eternos que atesoro en mi memoria. Y quizá ha sido justamente gracias a esos momentos que he encontrado algunas respuestas. Con otras me he tropezado. Juntas me han dado una fugaz vislumbre del lugar que las orcas y los hombres ocupamos en el formidable meccano de la vida.
Como el hombre, las orcas ocupan un lugar elevado en el esquema general de la vida en el planeta. A diferencia de nosotros hoy, sus comportamientos giran aún en torno a las mismas verdades esenciales sobre las que giraba la humanidad en el pasado. Una mejor comprensión de sus historias de vida tal vez nos aproxime a reencontrarnos con la nuestra y, finalmente, creamos acertado comenzar a corregir el rumbo de nuestra existencia.


Un mundo compartido, un destino en común
Aunque la información existente resulta todavía insuficiente para estimar la población total de orcas, es probable que a nivel mundial la especie no se encuentre en peligro. Sin embargo las poblaciones locales pequeñas como la de la patagonia Norte son muy vulnerables, y cualquier alteración en su ambiente podría resultar dramático para ellas.
Entre 1938 y 1980 en el mundo se eliminaron un promedio de 57 orcas por año a causa de la errónea creencia de que eran una plaga que exterminaría los recursos pesqueros. Cada año además, en el hemisferio sur 25 orcas eran cazadas por los buques balleneros para carne y aceite. En 1979, se cazaron en una sola temporada en los mares australes 917 orcas. La matanza cesó en 1982, cuando la Comisión Ballenera Internacional falló en contra de la captura de orcas hasta que no se conociera más sobre el impacto en las poblaciones.
Por suerte, la actitud de la gente hacia las orcas comenzó a mejorar en la década del ´70. Gracias a los proyectos de investigación de largo plazo y a las iniciativas de educación, la gente comenzó a ver que las orcas no eran bestias feroces, sino seres especiales, sociables, inteligentes, curiosos y cooperativos. Con excepción del triste episodio de febrero del ´97 en Japón, donde se capturaron 10 orcas, hoy las capturas de orcas salvajes para acuarios son cada vez más raras.
La contaminación y la sobre-pesca son en la actualidad las principales amenazas de conservación de la especie a nivel global. A nivel local, el ecoturismo también podría tener efectos negativos si persiste el acercamiento de visitantes a colonias de lobos y elefantes marinos fuera de las áreas bajo control de guardafaunas.
Las orcas son animales longevos, pero con una tasa reproductiva muy baja (una hembra no pare más de cuatro crías en su vida). Sus cerebros son grandes y evolucionados, y sus estructuras sociales complejas. Si bien hay aspectos de su naturaleza que hoy podemos intentar explicar, existen otros que aún no hemos llegado a comprender y tomará tiempo construir a nuestro entendimiento el rompecabezas de su fascinante historia de vida.
Mientras tanto, una cosa sabemos, las orcas y los hombres somos compañeros de viaje en un planeta donde todo está íntimamente relacionado. Y, después de todo, tal vez el vínculo que las orcas y yo establecimos signifique algo más que un ejemplo notable de empatía entre dos especies diferentes. Quizá se trate ante todo de un mensaje, una señal que nos permita recordar que no estamos solos ni por encima de los otros seres vivos en el mundo. Que compartimos la misma casa, y que no podemos por lo tanto desentendernos de una verdad definitiva: lo que sea que les ocurra a las orcas, nos ocurrirá tarde o temprano a nosotros.


Agradecemos la informaciòn suministrada
por el Sr. Roberto Bubas
 

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Distinguen a un argentino por su estudio de las orcas
Se trata de un guardafauna de Península Valdés " Roberto Bubas" ; recibió 70.000 dólares para continuar con sus observaciones de las estategias de caza que estos colosos tienen sólo en la costa argentina.

" DANZA CON ORCAS "